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28 de octubre de 2009

Una muerte dulce.

-Ann, te vas a caer.
-Venga Justin, ven conmigo.
-Nos caeremos los dos, ¿eso quieres?
-Sería una muerte dulce, como la de Romeo y Julieta.
-¿Pero qué dices? ¿Y la gente que te quiere qué?
-Solo necesito que me quieras tu.
-Y tu familia ¿qué?
-En eso no había pensado...
-Vamos... baja... -Justin me miraba preocupado, intentaba ocultarlo pero le era imposible. Cuando bajé de las rocas sin caer, la cara de preocupación la dejó a un lado para darme una sonrisa- Te quiero -susurró.
-Y yo a ti -sonreí, abrazándole.

11 de octubre de 2009

¿Lo has sentido?



Viví de los recuerdos durante los primeros meses que él ya no estaba, tampoco había muchos recuerdos, tres besos, el primer día que nos vimos... y también el último. Pero nada más. Justin me venía a visitar muchas noches, subíamos a mi tejado a ver las estrellas y el amanecer. Sentía un lazo de amistad, con él, que nunca había sentido, jamás. Las noches se habían convertido en días enteros, íbamos a todos lados. La playa donde nos habíamos conocido era uno de los lugares que más visitábamos. Empecé a sentir que Justin era aquella persona que necesitas en tu vida más que a nadie. Aquel amigo único. Aquel amante que te hace sentir que tocas la felicidad con la yema de los dedos. Una tarde cuando hablé con él le abracé y le dije que su compañía era lo mejor que me había pasado nunca. Salió corriendo, pensé que le había perdido para siempre... Quién me mandaba abrir la boca...
Le encontré en el puerto después de horas de búsqueda, llorando sin parar. Me dedicó una mirada, suficiente para saber que había llorado. Era lo que me gustaba de él. Sentía y no le daba miedo sentir.
-¿Lo has sentido? -me dijo cuando me senté a su lado.
-¿El qué?
-El dolor en el pecho cuando estamos juntos y el latido a mil cuando me sonríes, me miras o me coges la mano.
-No siento dolor cuando estoy a tu lado, siento paz, felicidad y amor.
-tu, ¿lo has sentido?

4 de octubre de 2009

Llueve.

Suena mi móvil, si es Ann, desde que la conocí me llama todos los días, y siempre había un ''gracias por lo de la playa'', la quería mucho, llevábamos un mes siendo amigos, y sin saber cómo, la había contado toda mi vida. Lo de mis padres, lo de mi hermano, todo. No soy un tío problemático, al menos ahora, antes lo era más, soy listo pero en clase no lo suelo demostrar. Tengo diecisiete años, pero en mi familia parece que soy mayor, soy el responsable. Ann me ha cambiado, y creo que yo la he podido consolar bien por lo del tipo ese que la ha hecho tanto daño. Espero que no siga mal, cada vez que recuerdo como la vi en la playa... se me pone la piel de gallina y me da por llorar. No me he dado cuenta, pensado tanto no a he cogido el teléfono. Mierda, ha colgado. Bueno, la llamaré yo. Marco su número, un pitido... Bien, tiene el móvil a mano, lo ha cogido al segundo.
-¿Justin? ¿Por qué no me has cogido el teléfono? -pone voz de niña, yo sin poder remediarlo me empiezo a reí- Y ahora te ríes, estoy es mucho peor -ahora se hace la enfadada.
-Ann, no te enfades, estaba pensando...
-¡No puede ser! -¿Y ahora que pasa?- ¿TÚ? ¿Pensando?
-Ja, ja, que graciosa es la niña -se empieza a reír- Bueno, como eres una niña tan pequeña no podrás venir conmigo esta tarde ¿no?
-¿Ir? ¿Dónde? Quiero ir, quiero ir, quiero ir.
-Es una sorpresa, pero no puedes tener menos de catorce años...
-Perfecto -se echó a reír- ¿A que hora vienes a por mi?
-¿Yo? Que cara tiene la niña...
-...mayor de catorce años -volvió a reír y yo con ella.
-Bueno, sobre las... ¿siete?
-Hecho -que ganas de que llegaran, quería verla- ¿Cómo debo vestirme?
-Como siempre -me encanta como viste- Tengo que ducharme.
-Ya decía yo que olía mucho... -Colgó.
La espera hasta las siete me mataba. Decidí ir antes, sus padres no estaban, pasarían el fin de semana fuera. Llamé.
-Un momento, por favor -ahí estaba ella.
-Vale.
Al abrir la puerta estaba con la toalla puesta, y el pelo húmedo, acababa de salir de la ducha.
-¿Cómo abres la puerta así?
-Es que pensé que eras el cartero, tiene que traerme algo.
-Te lo querías ligar ¿no? -A veces ese tema no le gustaba, pero hoy parecía de buen humor.
-Claro que si, no veas lo bien que está -Sí, estaba de buen humor, pero a mi eso, aunque fuera un broma me hizo daño, una punzada en el pecho que no entendí- Quédate en el salón, coge lo que quieras de comer.
-Vale -Ella no sabe que el plan es aquí- pero... -No me escuchó. A los diez minutos bajó al salón.
-¿Qué vamos a hacer?
-Quedarnos aquí.
-¿Aquí?
-Hay lluvia de estrellas.
-¿Siiiii? -Me he puesto a reí por su cara.
-Si. He preparado comida -señalo la cocina- Cogemos unas mantas y cenamos en el tejado, y luego vemos las estrellas- Se acerca a mi, tiene una cara rara, me abraza fuerte.
-Gracias por todo, Justin. Por no ser un aprovechado, que quiera ser algo más, por ser mi amigo.

Siempre seré tu amigo.

3 de octubre de 2009

Le necesito a él.


Vagué sola, rota, llorando por aquellas calles para mi vacias, no veía a nadie, no quería verles. Marc se había ido y yo qué hacía allí, no sabría contestar esa pregunta, sin él no era nada... porque fue amor a primera vista, y ahora ya ni le veía.
Comencé a desnudarme, quedaba poco para llegar a la playa, quería sentirme libre. La camiseta, los zapatos, los pantalones. Todo. Corri como pude con lágrimas en los ojos.
Al llegar a la arena, caí en ella, clavando mis rodillas en esos granos que me raspaban la piel, no me dolía, no lo sentía.
-Perdona, ¿estás bien?
-No, no lo estoy, vete. Dejame.
-No, no, necesitas ayuda.
-Necesito que él vuelva, que no se marche, le necesito a él -grité, pero tuve la sensación de que nadie me oiría.
-¿Quien se ha ido?
-Marc. No volverá nunca -sin saber cómo, esa sombra borrosa tendida a mi lado en la playa me abrazó, me suplicó que dejara de llorar y me calmó.
-Shhh, tranquila, pasará. Las heridas con el tiempo se cierran.
-No.. No... -seguía llorando y él seguía abrazado a mi.
-Soy Justin, ¿tú? -creo que lo dijo para cambiar de tema.
-Ann..
Perdí a mi amor, y gané un amigo.

1 de octubre de 2009

Soledad.


Me siento en aquella esquina, intento una y otra vez pensar una sola solución para lo que a ocurrido. No sé que hacer, que decirle a Ann, es tan complicado. Quizá la verdad, que me tengo que ir, que la debo dejar sola... Decirla que la quiero y que es una persona increible.
Por fin ha llegado, está guapísima..
-¿Marc? -alcé la cabeza.
-Estoy aquí...
-¿Qué ocurre?
-Nunca dudes que te he querido, y que te quiero.
-¿Qué pasa?
-Me tengo que ir, no volveré -La besé por tercera vez, y fue mejor que el segundo y también que el primero, comencé a andar y la dejé sola donde antes estaba yo.

Aun la quiero.

24 de septiembre de 2009

Bajo las estrellas.


Ahora la llevaré al prado, si, así será una cita perfecta, está tan guapa. Su pelo, y su vestido, me gustaría tocarla, pero no. La abro la puerta del coche y me sonríe.
-¿Te ha gustado el sitio?
-Sí, era precioso -me mira, atenta- ¿Donde vamos ahora?
-Es una sorpresa -Antes de arrancar el vehiculo la vendo los ojos.
-Está bien.
Me parece tan ingenua, tan única, tan niña.
LLegamos a aquel lugar, la dirigí hasta el centro del prado, la quité la venda y la besé.
Un segundo beso, bajo las estrellas.

21 de septiembre de 2009

Celosa.

-¡Marc, sientate aquí! -Vi como aquella chica rubia se deshacía en cariños hacía él, pero, qué dices Ann, si es un simple chico, me beso si, pero parece que a ella la ha dado más de un simple beso, y yo como tonta saltandome las clases para verle, está en la universidad, estudia fotografía, y al parecer tiene novia. Que boba soy, pensé que se fijaría en mi...
-¿Ann? -mierda me ha visto, ¿salgo corriendo? Lentamente me giro- ¿Qué haces aquí?
-Yo... no nada, vine a ver a un amigo...
-¿Un amigo..?
-Sí, estudia aquí...
-Ah, yo estoy comiendo con mi hermana, pero ésta tarde podemos vernos...
-¿Tu hermana? -me empecé a reir.
Nota para el futuro: preguntar antes de tener celos.

11 de septiembre de 2009

Un beso con cafeína.

Entré en el café del centro comercial, siempre me gustó ese sitio, es tan tranquilo, en la barra hay un chico, está atendiendo a alguien, espera, pero si es ella, Ann, hace dos semanas que la conocí y aun no me he olvidado de ella, su voz, su piel, sus ojos marrones...
-Hola -me saluda sonriente, parece contenta- Eres Marc ¿no? El chico de la librería.
-Sí, y tu Ann ¿verdad?
-Veo que tienes buena memoria -nos reimos, pero que idiota soy, como no me voy a acordar de ella... Marc que tienes veintiun años, no seas gilipollas, ella ¿que tendra? ¿quince? No te puedes enamorar de ella. Pero es tan bonita...
-Mmm... Creo que es tu turno -Ann me estaba avisando- soñar despierto está bien, pero dejalo para luego -se rió, y yo con mi cara de bobo- Si quieres nos sentamos juntos...
-Si, si, si -la interrumpí, vi como se movia hasta una mesa- quiero un capuccino, gracias.
Cuando llegué a su mesa, me esperaba con una gran sonrisa, unos cuantos sorbos después y varios temas de conversación unidos a otros, cosa que solo pasa en las conversaciones verdaderamente entretenidas, nos dimos cuenta que nos gustaban las mismas cosas, más o menos. Leer, dibujar, viajar, las palomitas que no están hechas, el café, coca cola, las motos y los coches, la velocidad, la gustaba sonreir porque decía que así no era como los demás, serios y preocupados, los cereales sin leche, era su merienda favorita... y más cosas aun. Cada palabra que decía me hacía pensar más en que en ella se escondía la mujer perfecta.
-Creo que se me hace tarde, tengo que ir a buscar a Max...
-¿Max?
-Si, mi...
-Tu novio, entiendo -la interrumpí.
-No, es mi primo pequeño, tiene diez años -se puso a reir.

Y nos deshicimos en un beso con cafeína.

Marina.



Nuestras manos chocaron al intentar coger aquel libro, Marina.
-Lo siento, todo tuyo -me miró. Levante la cabeza, un chico rubio con el pelo corto y ojos negros estaba a mi lado, con cara de embobado, 'que mono' pensé, me sacaba una cabeza, casi dos. Parecía que tenía veinte años, comparado con mis catorce, casi quince.
-Puedes quedártelo, ya lo tengo, creo que soy la única que mira los mismos libros que ya tiene -solté una carcajada, demasiado nerviosa, me podría ahogar en esos ojos negros, pero Max, mi pequeño pero poco soportable primo me despertó.
-Vamos, vamos, quiero ver las películas, por favor, por favor -es demasiado impaciente.
-Ya voy, ya voy -le devolví el libro al chico- Adiós -le sonreí.
-Espera... ¿Cómo te llamas?
-Ann.
-Soy Marc -dijo casi chillando- ¿nos volveremos a ver?
-Quizá -mi primo tiraba de mi con fuerza.

Él se dió cuenta, ella era la mujer que esperaba.