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20 de mayo de 2010

Colacao y el microondas.

-¿Qué quieres hacer?
-Colacaaaaaaaaaaaaaaaaao -la chica, más grande de lo que parecía por sus actos, gritaba desde el sofá- quiero tomar.. ¡colacao!
-Vale, vale. ¡Oido cocina! -Jeremy reía por la mente infantil pero madura que tenía su nueva.. amiga -o algo más-. La cogió de la mano, y pasando el enorme pasillo, a un estremo el salón y al otro la cocina, la llevó besandola suavemente cada dos pasitos que daban.
Una vez en la cocina, después de buscar y encontrar todo, la sentó en la encimera con las patitas -largas, pero sin llegas al suelo- moviendose de lado a lado, esperando a que el microondas diera aquella señal que tanto asustaba a Adri cuando estaba sola.
Pipipiiiiiiiiiiiiiii.
-¡AY! -Adri se sobresaltó- No me gusta esa alarma.
Jer saca despacito los dos vasos del micro, están algo calientes y los deja rápidamente en la encimera.
-¡No guardes el colacao!
-¿Por qué?
-Me gusta tomarmelo a palo seco.
-A mi me da tos.
-A mi también, pero me gusta.
Se rien, como niños y como no tan niños, se besan y se miran, beben y Adri se quema la lengua, vuelven a reir.
-Te quiero.
-Y yo.

17 de abril de 2010

Arco-Iris.

Locuelas aburridas. Conociendose poco, pero de un momento importante. No paran de reir, de hacer idioteces y de ser felices. La una con la otra y, la otra con la una. Van saltando por la calle, hasta llegar a clase. ¡Qué bonita es la amitad! Iris con unos vaqueros con un roto en la rodilla, una camiseta pintada por ella misma y unas converse rosas, con un 'SIEMPRE' en la puntera que Adri la escribio esa misma mañana. La otra amiga con unos pitillos negros, una camiseta morada y sus Vans del mismo color anterior con tonos amarillos.
-¡Mierda! Iris, que llegamos tarde.
-Nos quedamos fuera la primera hora, si toca gimnasia.
Se echan a reir.
-Mejor, ¡vamos a desayunar!
Y las dos suben la calle, pasando la gran berja, ya cerrada. Entran al bar, a su bar y desayunan tranquilamente.
¡Qué bonita es la amitad y como brilla el ARCO-IRIS!

25 de enero de 2010

-Mirame.
-¿Qué quieres? -no puede ocultar una sonrisilla al mirarla a los ojos.
-Pit, te quiero.
-Yo más que eso, pequeña.

24 de enero de 2010

Miraditas indiscretas.

Primero él y ella aparta la mirada, luego ella y él gira la cabeza. Se pasan así todo el trayecto hasta clase, es raro para la gente que pasa a su lado, no hablan van en silencio inmersos en sus pensamientos. Ella decide hablar.
-¿Por qué nunca decimos nada? -Adrienne miró a Pit, enarcando una ceja.
-Estoy demasiado encerrado en ti como para hablar.

22 de enero de 2010

Amorcitos de verano trasladados al invierno.

Pit se acercó hasta ella, la miró bien. Le gustaba su culo, recorrió sus piernas con la mirada hasta llegar a la pequeña lagartija tatuada en su tobillo. No se atrevia a decirla nada, la había cagado ¡Anda, si la había cagado!
Adrienne hablaba por teléfono con alguien, él supuso que serian sus padres. El verano había sido muy largo, se habían enamorado más verse, la presencia del novio de Adrienne, en su ciudad, no impidió que llenara su corazoncito con los ojos verdeazulados de Pit.
-Lo siento Alec, pero yo le quiero a él.
Hablaba con su novio, lo estaba dejando por él. Colgó y se secó las lágrimas que acababan de nacer de sus ojitos. Fue hacia a ella despacio y la abrazó por la cintura.
-No llores... -susurró- soy un capullo.
-No lo eres.
-Lo piensan todos.
-No, yo no.
Sonriendo, se besaron.

2 de noviembre de 2009

Amistad.

-No quiero hablar, no, déjame, vete -Adrienne cerró la puerta con tal fuerza que los papeles de su escritorio salieron volando, eran las dos de la mañana, acababa de llegar a casa. Una noche de fiesta. No era normal en ella, pero había problemas, serios, sus padres, las peleas, él, y también ella. Alzó la cabeza al oír un leve repiqueteo en su ventana, su cuarto estaba en el piso de arriba pero las horas las mataba en el sótano, antes lúgubre con olor a cerveza, ahora olía a sandía, y tenía luz, todo decorado por ellas. Se levantó y fue a ver a la ventana, estaba ahí, quieta, mirando al interior, mirando a ella. Abrió la ventana con cuidado, apoyándose en el sofá de color negro con franjas rosas que había puesto allí hacía ya un año- ¿Qué haces aquí?
-Vengo a verte...
-Llevas tres meses sin venir a verme.
-He oído gritos..
-Si, ¿y qué?
-¿Qué ha pasado?
-No quiero hablar. Ginevra, vete.
-No quiero -se deslizó hasta el sofá y se tumbó en el- sigo a tu lado, llevamos mucho diciendo que sería como antes y nunca es.
-Hoy no.
-¿Por qué? Antes nos quedávamos horas y horas levantadas, hablando.
-Ahora es ahora.
-Sí, y ahora quiero que me escuches -La mira- Ad, llevamos meses sin hablar, cada vez que quiero hablar contigo me rehuyes, sales corriendo, y así no hay forma de arreglar nada. Escúchame -hizo un esfuerzo por abrir la boca pero no salió nada de ella- y cierra esa bocaza -Ad la cerró y las dos se rieron- se buena y dame un abrazo, dime que me quieres y cuéntame que ha pasado... Ya sabes que en traumas familiares soy la mejor -abrió los brazos y Ad se tiró sobre ella- te echado demasiado de menos enana.
-Yo a ti también... -Se echó a llorar, como tonta lloró, porque una amistad se pierde, se recupera, se oxida, se aleja pero jamás, JAMÁS se olvida.

8 de octubre de 2009

25 horas diarias.

Vagué sola bajo la lluvia, las gotas caían y resbalaban por mi chaqueta, no era un chubasquero, era una simple chaqueta de lana, la había cogido rápido del armario. Eran las once menos cuarto. No aguantaba más en casa. Mis padres me reñían más que nunca. Y él no aparecía. Tenía ganas de verle. Me llevaba dos años, unos diez centímetros de estatura y un curriculum mucho más extenso en relaciones. No entendía en porque se había fijado en mi, qué tenía yo que no tenían las demás. Nunca me había dado cuenta de la existencia de Travis hasta que escuché que estaba con otra chica, una insoportable, que no hacía más que absorberle el cerebro. Íbamos juntos todos los días hasta nuestra casa. Las conversaciones eran varias, le gustaba mucho el skate, y siempre iba al skatepark que había cerca de nuestra casa. Pensé en ir allí, fue donde nos dimos el primer beso, donde me dijo que me quería, donde le vi hacer skate todas las tardes del verano, y del invierno también. Me gusta la relación que tenemos. Amigos, pero algo más. Siempre, ante todo, amigos. Es difícil de explicar, pero cuado quieres a alguien, y ese alguien ha sido tu amigo durante mucho tiempo, tienes un pequeño miedo, porque si ocurre algo la relación se rompe. Nosotros teníamos claro que eso no sería así, siempre juntos.

Llegué hasta el skatepark, no había nadie, era normal, llovía a cantaros. Me senté en el suelo, a la espera de no sé bien qué. Alguien me tocó el hombro. Me giré.

-Adrienne, ¿Qué haces aquí?

-No lo sé bien. Quería evadirme de todo…

-Entonces, ¿me voy?

-No, no, quédate.

-Es raro.

-¿El qué?

-Pensar que hace unos meses, dos exactamente, eras solo una amiga, y ahora eres la persona con la que quiero compartir mi vida… -me le quedé mirando. Sus rasgos eran tan perfectos, alto, medía 1,75, moreno, ojos verdes. El hombre soñado vamos. Y era para mi. ¿Injusto? Tal vez. Pero elegía él. Y si Rachelle me odiaba… pues bueno, nunca se puede estar a gusto de todos ¿no? Llorar fue el siguiente paso. No eran lágrimas de tristeza, sino de alegría- ¿Qué pasa, Adri?

-Te quiero… -me levanté y le abracé con fuerza- no, es más, quiero estar contigo cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día –cuando vi la cara que puso, decidí rectificar un poco- Bueno, quizá no tanto –me empecé a reir.

-Me parece perfecto, porque quiero estar contigo a todas horas, las veinticinco diarias…

-¿Veinticinco?

-Doce de día, doce de noche y una de amor –le sonreí y le besé- Te quiero.

-Yo a ti también –aquel beso, el primero de nuestra vigésima quinta hora, fue el más largo de todas las vigésimas quinta horas de todos los días.