29 de octubre de 2009

La chica del rincón.

Aburrimiento. Cansancio. Monotonía. Todo ello me inundaba en aquella especie de fiesta. Nada interesante a la vista. Miro a cada cual que está en la pista. No bailan, parece que les estén dando descargas eléctricas, dan verdadero miedo. Una canción lenta, genial ahora me tocara la tonta de turno... no quiero. Me siento. Todos bailan, falto yo. Espera, ella, está sola, en un rincón. Es tan... bonita. Pasan las canciones y ella sigue allí, quieta, mirándome, mirándonos. Quiero ir y decirla que baile conmigo, él llega. El chico alto, y malo. El que tiene su corazón, el que no me dejó luchar por decirle un solo te quiero. Y aquí me quedo. Quieto, estúpido, humillado...

28 de octubre de 2009

Sam & July

-¿Sam?
-¿Qué?
-Me siento distinta, me duele la tripa...
-¿Has ido al médico?
-No creo que sea eso...
-¿Y entonces?
-Creo que es un hormigueo, como si tuviera un tablao flamenco dentro de mi corazón.
-¿De quien... te has enamorado? -habló con un temor en sus ojos que nunca había tenido. Porque su pequeña amiga July, aquella a la que le gustaba el olor de su jersey y que le decía que no era perfecto, quería a otro hombre.
-Creo que... -una pausa, un minuto, para el una eternidad-... de ti.
Los ojos verdes de Sam se encendieron de alegría, aquellos ojos del chico que no sabía sonreír, que era un borde y un desagradecido, brillaron por algo más que no fuera ira. July le daba miedo. Era absurdo, una niña, pequeña, cinco años menor que él y la temía. Porque nunca le dio miedo hablar y decir te quiero.

Una muerte dulce.

-Ann, te vas a caer.
-Venga Justin, ven conmigo.
-Nos caeremos los dos, ¿eso quieres?
-Sería una muerte dulce, como la de Romeo y Julieta.
-¿Pero qué dices? ¿Y la gente que te quiere qué?
-Solo necesito que me quieras tu.
-Y tu familia ¿qué?
-En eso no había pensado...
-Vamos... baja... -Justin me miraba preocupado, intentaba ocultarlo pero le era imposible. Cuando bajé de las rocas sin caer, la cara de preocupación la dejó a un lado para darme una sonrisa- Te quiero -susurró.
-Y yo a ti -sonreí, abrazándole.