29 de diciembre de 2009

Calles mojadas.

Año tras año, noche tras noche, paseamos agarraditos de la mano. Nos paramos en la farola, en la última farola de aquella calle tan grande de la que no recuerdo bien el nombre. Comienza a llover, siempre esperamos este día, uno lluvioso para que el agua pase despacito por nuestras caras y así tener una escusa para empezar con las caricias. Quitando gota a gota con pequeñas pasadas de tus manos por mi cuerpo, yo apollada en la farola y tu frente a mi mirando con esos preciosos ojos de color chocolate. Mmm... quiero comermelos. Después de más gotitas apartadas nos volvemos a coger de la mano, andando despacio sin ir al mismo ritmo que nuestros corazones. Subimos hasta la azotea, la de siempre, igual de mojada que todas las noches. Una botella de ron aparece en el rinconcito de los azulejos rotos, la guardas para ocasiones especiales, ya quedan solamente unas gotitas de ron. Si, si que hemos tenido muchas ocasiones especiales, solitos en la azotea, mojados. Empapados de amor, calor y de agua. Un ultimo beso con las ultimas gotas de ron se traspasan de tus labios a los míos, como si fuera electricidad. Otro roce más entre labios y nos vestimos. Sentados en la azotea me miras atento, sin sonreir.
-Te quiero -sueltas por fin.
-Yo también a ti.


Calles mojadas y unas gotitas de ron.
DESNUDA
entre tus sabanas,
ante tus palabras,
cuando me susurras
que me quieres,
AL OIDO.

26 de diciembre de 2009

PAR.

Mira a su alrededor distorsionando, quizá, todo lo que está en su entorno. Desde el objeto más cercano hasta uno que está a millones de kilómetros. Porque quizá necesita y quiere que sea así. Quizá quiere tenerles a su lado, abrazarles como no puede y querría, con toda la fuerza de su corazón. Quiere decirle a él que siempre la tendrá a su lado, que siempre estará presente, cerca o lejos, dormida o despierta, sonriendo o llorando… Que nunca se olvide de ella, porque ella le necesita tanto como respirar y, como ultimo favor, que la quiera, que la quiera como quiere un hermano a una hermana pequeña. A ella quizá solo la quiere abrazar mil veces cada día y repetirla que la quiere, sin pedir nada a cambio, porque tampoco sabe que pedirla, ella ya ha hecho mucho por su amistad, la quiere.
Sonríe para si misma pensando en abrazarles a los dos. Cierra los ojos, ojos de un marrón intenso y bonito, para que las lágrimas no caigan. Pero es imposible, ya ha empezado. Parece la fuente de Eross en pleno Londres. Llena de ilusiones de amor y sacando agua de donde puede. Lamenta no tenerles. Llora en silencio, despacito, dejando caer las gotitas al suelo. Son las dos de la mañana y ya, sin dormir, comienza a soñar.